Hay algo especialmente doloroso en crecer: descubrir que las personas que más queremos no siempre pueden quedarse exactamente donde las dejamos.
A veces los amigos toman caminos diferentes. Alguien se muda. Alguien entra a la universidad. Alguien cambia de sueños. Y aunque seguimos queriendo a esas personas, empezamos a entender que quizá aquella época en la que todo parecía eterno… no lo era.
De esa sensación parte “La Isla Olvidada”, y aunque a primera vista parece una aventura fantástica llena de monstruos, portales mágicos y criaturas extrañas, debajo de todo eso hay una historia bastante más sencilla: ¿qué estarías dispuesto a sacrificar para conservar una amistad?
Y si la respuesta fuera… todos tus recuerdos.
Jo y Raissa son mejores amigas desde niñas. Viven en Filipinas durante los años noventa y, aunque tienen personalidades muy diferentes, han construido una amistad que se siente como una pequeña familia.
Jo es impulsiva, imaginativa y algo rebelde. Raissa, en cambio, es más responsable y tiene un futuro perfectamente trazado: está a punto de marcharse a Estados Unidos para continuar sus estudios.
Y ahí aparece el verdadero conflicto. No es un monstruo. No es una maldición. Es crecer.
Porque mientras Raissa está emocionada por lo que viene, Jo tiene miedo de lo que significa que su mejor amiga se vaya. Así que, antes de separarse, decide que necesitan una última aventura juntas.
Y vaya que la consiguen.
Durante esa última noche, ambas terminan atravesando un misterioso portal que las lleva hasta Nakali, una isla fantástica habitada por criaturas provenientes del folclore filipino.
Lo que parecía una despedida se convierte entonces en una misión de supervivencia. Y una carrera contra el tiempo.
Nakali es probablemente uno de los elementos más interesantes de La Isla Olvidada. No construyeron simplemente un mundo fantástico genérico y lo colocaron encima algunos nombres filipinos.
La película se sumerge en la mitología de Filipinas para construir un universo lleno de criaturas, leyendas y tradiciones que probablemente resultarán completamente nuevas para muchos espectadores.
Y eso le da una personalidad muy particular.
Aquí aparecen criaturas como la “manananggal”, el “kapre”, el “batibat” y otras figuras del imaginario filipino. Algunas son aterradoras, otras extrañas y algunas… bueno, algunas parecen haber salido de una fiesta después de comer demasiados dulces.
Pero todas contribuyen a que Nakali se sienta como un lugar con historia propia. Además, la película aprovecha la ambientación de los años noventa para construir una identidad visual y musical muy particular. Hay nostalgia, colores intensos y canciones conocidas que ayudan a conectar ese mundo fantástico con el mundo cotidiano de Jo y Raissa.
El verdadero monstruo es olvidar
Pero aquí viene la parte que hace que la película deje de ser solamente una aventura. Jo y Raissa descubren que permanecer en Nakali tiene un precio. Sus recuerdos comienzan a desaparecer.
Y eventualmente descubren que la única manera de regresar a casa podría significar perder todos los recuerdos de la amistad que han construido durante años.
Y entonces la pregunta cambia. Ya no se trata solamente de escapar de la ilsa, sino de: ¿De qué sirve volver a casa si ya no recuerdas a la persona que hizo que ese lugar se sintiera como hogar?
Porque nuestros recuerdos no son solamente archivos almacenados en nuestra cabeza. Son parte de nuestra identidad. Somos las historias que contamos. Las fotografías que guardamos. Las canciones que nos recuerdan a alguien. Las bromas que solamente dos personas entienden.
Lo bonito de La Isla Olvidada es que no presenta la amistad como algo estático. Jo quiere que todo permanezca igual. Raissa está intentando avanzar. Y ninguna de las dos está completamente equivocada. Ese es precisamente el problema.
Crecer significa cambiar. Y cuando una persona cambia, también cambia la relación que tenemos con ella. A veces eso significa aceptar distancia. Otras veces significa aprender a querer de una manera diferente.
La película convierte esa realidad bastante dolorosa en una aventura fantástica.
En lugar de sentarse a hablar sobre sus sentimientos —porque, seamos honestos, eso sería demasiado sencillo—, Jo y Raissa tienen que atravesar una isla llena de monstruos para descubrir lo que realmente significa su amistad.
Y sí, probablemente sea la manera más complicada posible de tener una conversación pendiente.
Visualmente, La Isla Olvidada es una película muy ambiciosa. DreamWorks mezcla su habitual animación tridimensional con diferentes estilos visuales y secuencias que buscan representar el carácter fantástico y casi alucinante de Nakali.
El resultado es un mundo lleno de colores, criaturas extravagantes y escenarios que pueden pasar de lo encantador a lo inquietante en cuestión de segundos.
Pero lo que más llama la atención es que la película no parece tener miedo de ser rara. O diferente.
Hay criaturas que parecen salidas de una pesadilla, personajes absolutamente disparatados y situaciones que pueden resultar tan absurdas que terminan siendo encantadoras.
Y luego está la temible “Manananggal”, que aporta uno de los elementos más inquietantes de la historia.
Para niños… pero también para quienes alguna vez tuvieron un mejor amigo
Quizá uno de los mayores aciertos de La Isla Olvidada sea que no trata a los espectadores jóvenes como si fueran incapaces de comprender emociones complicadas.
La película habla de separación, miedo, nostalgia, identidad y pérdida. Pero lo hace mediante aventuras, humor y monstruos.
Y eso permite que un niño pueda disfrutar la historia como una película fantástica mientras un adulto quizá se encuentre pensando en aquella persona con la que alguna vez prometió ser amigo para siempre.
Porque casi todos tuvimos a alguien así en nuestra vida. Ese amigo de la escuela. El vecino de la infancia. El compañero de aventuras.
La persona con la que compartimos una época que parecía que nunca iba a terminar. Y después la vida pasó.
Al final, La Isla Olvidada no parece decirnos que una amistad solamente es verdadera cuando nunca cambia. Más bien plantea lo contrario.
Quizá querer a alguien también significa aceptar que su vida puede tomar un camino diferente. Que crecer no borra lo vivido. Que separarse no necesariamente significa dejar de querer.
Y que nuestros recuerdos pueden acompañarnos incluso cuando ya no estamos en el mismo lugar.
Dirigida por: Joel Crawford, Januel Mercado
Con: H.E.R., Liza Soberano, Dave Franco, Jenny Slate, Manny Jacinto, Dolly de Leon, Lea Salonga
Estudio: DreamWorks Animation
Sitio Oficial: dreamworks.com
Rating: PG-13 -Guia de Padres Recomendada; Mayores de 13 Años-
Fechas de Estreno: EE.UU. 25 – Sep, ESPAÑA 25 – Sep, MÉXICO 16 – Sep