El museo de George Lucas: Donde Star Wars se encuentra con el arte

Osito Barrigón
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Osito Barrigón
"A tubby, little cubby all stuffed with fluff".
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George Lucas acaba de abrir en Los Ángeles uno de esos lugares que parecen pertenecer a otro planeta. El “Lucas Museum of Narrative Art” abrió sus puertas al público el 22 de septiembre y, desde el exterior, su enorme estructura parece efectivamente una nave espacial que acaba de aterrizar en Exposition Park.

Pero quizá lo más interesante es que el museo no fue concebido simplemente como un templo para “Star Wars”.

La idea de George Lucas y su esposa, Mellody Hobson, comenzó hace unos 17 años con una pregunta bastante más amplia: ¿cómo contamos historias a través de imágenes? De ahí nació el concepto de “narrative art”, que reúne pinturas, ilustraciones, cómics, fotografía, cine, animación, murales y arte digital.

El proyecto pasó originalmente por San Francisco y Chicago antes de terminar en Los Ángeles. Y cuando uno descubre qué hay dentro, entiende mejor la ambición.

El museo cuenta con más de “100,000 pies cuadrados de espacio de exhibición y más de 30 galerías”, con alrededor de 1,300 obras.

Allí conviven artistas tan diferentes como Frida Kahlo, Norman Rockwell, Artemisia Gentileschi, Diego Rivera, Banksy y Frank Frazetta, junto con ilustraciones, cómics, fotografías y piezas provenientes de la cultura popular. Incluso hay reproducciones de obras históricas que no pueden trasladarse de sus lugares originales.

Y sí: también está Star Wars

Una de las exposiciones más llamativas es “Star Wars in Motion”, que utiliza materiales de los archivos completos de Lucas para mostrar diseños y conceptos de los vehículos de las primeras seis películas.

Entre las piezas que pueden encontrarse están figuras de personajes como Yoda y Leia, además de un caza estelar de Naboo ubicado en la biblioteca.

Pero Lucas tampoco quiso limitar la experiencia a objetos detrás de vitrinas.

El museo tiene dos salas de cine con 299 asientos cada una, donde se proyectan continuamente documentales, animación, cine experimental, películas poco conocidas y hasta los cortometrajes que Lucas realizó cuando era estudiante. También existe una biblioteca pública de investigación y un enorme parque con jardines y esculturas narrativas.

Y entonces está el edificio.

Diseñado por el arquitecto Ma Yansong, parece una gigantesca nube futurista suspendida sobre el parque. En el centro existe un enorme óculo que deja entrar el cielo y convierte el espacio en algo que se siente casi como un escenario. La intención era que la arquitectura también formara parte de la historia: que caminar por el museo fuera una especie de viaje y no simplemente recorrer habitaciones.

Para los fanáticos de la ciencia ficción, probablemente lo más emocionante sea poder contemplar de cerca la imaginación que ayudó a construir uno de los universos cinematográficos más importantes de todos los tiempos. Pero el proyecto parece querer decir algo más: que “Star Wars” no apareció de la nada. Detrás de sus naves, personajes y mundos fantásticos existen décadas —y en realidad siglos— de pintura, ilustración, mitología, cómic, cine y otras formas de contar historias.

Quizá por eso este museo resulte tan apropiado para George Lucas. El hombre que pasó buena parte de su vida imaginando galaxias lejanas terminó construyendo un lugar dedicado a algo mucho más antiguo que la ciencia ficción: “la necesidad humana de contar historias”.

Y, de paso, construyó una especie de nave espacial para hacerlo.

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