Moana (2026)

Osito Barrigón
Por
Osito Barrigón
"A tubby, little cubby all stuffed with fluff".
7 Min Lectura

Moana fue una de esas películas que no solo nos dejó buenas canciones o un océano como parte del elenco, sino una historia sobre identidad, valentía y la importancia de escuchar esa voz interior que insiste en decirnos: “hay algo más allá del horizonte”.

Ahora, Disney nos invita a regresar a Motunui con su adaptación en acción real. Y aunque la pregunta inevitable era “¿hacía falta?”, la verdadera respuesta llegará cuando las luces se apagan y el océano vuelve a abrirse frente a nosotros.

Porque hay historias que no necesitan cambiar para emocionar de nuevo; solo necesitan recordarnos por qué nos encantaron. Digamos que es una aventura conocida… con un corazón diferente.

La historia permanece fiel a la película animada de 2016. Moana es la hija del jefe de Motunui, una joven destinada a convertirse en líder de su pueblo, pero que siente un llamado imposible de ignorar: el océano la ha elegido para restaurar el corazón de Te Fiti y devolver el equilibrio al mundo.

En el camino se encuentra con Maui, el semidiós tan poderoso como arrogante, y juntos emprenden un viaje que está lleno de criaturas fantásticas, islas imposibles y desafíos que pondrán a prueba mucho más que su fuerza.

Pero si algo cambia con el live action es la manera en que sentimos a estos personajes.

Ver personas reales habitando esta historia le da un peso distinto a las emociones. Las dudas de Moana, el dolor de despedirse de su abuela Tala, el miedo de navegar hacia lo desconocido… todo adquiere una dimensión mucho más cercana.

Una Moana que encuentra su propia voz

Cuando Disney anunció que Catherine Lagaʻaia sería la nueva Moana, la conversación comenzó inmediatamente. Sustituir a un personaje tan querido nunca es sencillo.

Sin embargo, la actriz no intenta copiar a Auliʻi Cravalho. Hace algo mucho más inteligente: construye su propia Moana.

Su interpretación transmite curiosidad, determinación y una vulnerabilidad que hace muy fácil conectar con ella. Hay una autenticidad muy especial en la forma en que mira el océano, como si realmente creyera que éste pudiera responderle.

Quizá ese sea el mayor triunfo de la película, porque no intenta reemplazar el clásico animado, sino que lo honra. Y después encuentra su propio espacio.

Por lo pronto, Dwayne Johnson regresa como Maui, y eso se nota desde el primer minuto.

Su carisma sigue siendo enorme. Su presencia llena la pantalla y mantiene ese equilibrio entre humor, arrogancia y nobleza que convirtió al personaje en uno de los favoritos de Disney.

Sí, algunos críticos consideran que su interpretación resulta menos sorprendente que hace diez años, precisamente porque ya conocemos al personaje.

Pero verlo interactuar con Catherine Lagaʻaia genera una química distinta, más cercana a la de un mentor imperfecto que aprende tanto como la protagonista.

El verdadero protagonista sigue siendo el océano

Algo que siempre nos fascinó de Moana es que el océano nunca fue simplemente agua.

Era un personaje con humor e intención… tenía emociones, aunque suene extraño. Y en esta versión eso continúa.

Los avances tecnológicos permiten que el mar luzca absolutamente impresionante. Las olas tienen peso, movimiento y una personalidad que pocas películas consiguen transmitir.

Lo mismo ocurre con Te Kā, Te Fiti, las criaturas marinas y cada rincón de Motunui. No se siente como un despliegue de efectos especiales por presumir presupuesto. Se siente como un mundo vivo.

Y eso hace una enorme diferencia, y parece una carta de amor a la cultura del Pacífico. Pues más allá de la aventura, Moana sigue siendo una historia profundamente conectada con las culturas polinesias.

Los paisajes, los tatuajes, la música, las embarcaciones, las tradiciones y la importancia de la comunidad vuelven a ocupar un lugar central.

Eso era importante en la versión animada. Aquí lo es todavía más.

Porque ver actores de ascendencia del Pacífico interpretando estos personajes aporta una autenticidad muy especial a la historia. Catherine Lagaʻaia ha explicado que formar parte de una producción con un elenco mayoritariamente pasifika representa un motivo de orgullo y una oportunidad para mostrar esa cultura desde dentro.

Al final, la película mantiene gran parte de la estructura narrativa del clásico animado y recrea varias escenas casi plano por plano. Eso ha dividido a la crítica, que cuestiona si era necesario volver a contar una historia tan reciente.

Sin embargo, también hay algo que vale la pena reconocer. No todas las personas viven una película de la misma forma. Hay niños que conocerán a Moana por primera vez gracias a esta versión. Hay familias que compartirán la historia juntas en el cine.

Y hay quienes simplemente disfrutarán volver a escuchar canciones que ya forman parte de su vida.

Hay películas que sobreviven perfectamente en una televisión, esta no. Creo que necesita esa pantalla donde el horizonte parece no terminar nunca.

Lo que realmente cuenta la historia

Más allá de monstruos, semidioses y océanos mágicos, Moana siempre ha tratado sobre una sola cosa. Encontrar quién eres, no quién esperan que seas o quién heredaste ser.

Ese mensaje sigue intacto, y quizá hoy tiene todavía más sentido. Ya que vivimos rodeados de ruido, de expectativas.

Moana, en cambio, nos recuerda que a veces la respuesta está muy lejos del lugar donde nacimos. Y que salir a buscarla da miedo, pero quedarse… puede darlo todavía más.

Título Original: Moana (2026)
Dirigida por: Thomas Kail
Con: Catherine Lagaʻaia, Dwayne Johnson, Rena Owen, John Tui, Frankie Adams, Temuera Morrison, Awhimai Fraser
Estudio: Walt Disney Pictures
Sitio Oficial: disney.com
Rating: PG -Guia de Padres Recomendada-
Fechas de Estreno: EE.UU. 10 – Jul, ESPAÑA 10 – Jul, MÉXICO 09 – Jul
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